jueves, 22 de junio de 2017

NO ME GUSTA EL PRINCIPITO


No me gusta el principito,
aunque muchos insinúen
que es un libro muy bonito.

Lo he leído varias veces
y no consigo entender 
qué belleza se me escapa
cuando me empeño en leer
ese montón de sandeces.

He intentado abrir mi mente,
he tratado de ser buena,
he querido comprender 
lo que ese niño demente
empeñado en su faena
intenta hacerme creer.

Y no consigo tragarlo, 
tengo amigos que lo adoran
y no paran de elogiarlo,
pero yo sigo en mis trece, 
sin entender qué valoran
en un libro, que parece,
hecho para vomitarlo.

Algunas cosas francesas
están sobre valoradas,
mujeres, quesos, perfumes
vinos, falos o promesas,
nos llegan en oleadas,
siendo que allá como aquí,
sueles carecer al fin
de aquello que más presumes.

El libro del niño ñoño
saturado de clichés,
me tiene hasta el mismo moño,
no sólo por ser francés.

Es aburrido y falaz,
gris, dogmático y burgués,
monótono, ineficaz,
del derecho y del revés
ácido como el agraz.

Isabel Salas









MALA JUGADA



Hubiera sido magnífico nacer  con garantías e instrucciones de uso, así nadie nos estropearía por no saber usarnos.

Nacer sabiendo que el final feliz nos corresponde por derecho divino. No tener que sufrir con la tortura de la incertidumbre y poder sentir paz desde el mismo instante del primer aire entrando en nuestros pulmoncitos vírgenes.

Hubiera estado bien conocer los secretos de las sonrisas francas y poder ver siempre las miradas serenas del amor sincero, pero por lo visto, el Dios de la lotería cósmica tiene un pésimo sentido del humor y a veces ganan los malos.

Isabel Salas

domingo, 18 de junio de 2017

DOS ESTRELLAS


Tal vez un día,
si hay vida en las estrellas,
después de terminar nuestra jornada
y atravesar la hora de la muerte fría,
se agoten mis querellas,
se sosiegue mi alma alborotada
y podamos, al fin, 
los dos,
hallar la vía,
que sin contras ni pros,
inunde nuestras almas
de frescor y alegría.

Tal vez sepamos
encontrar la manera de querernos,
el modo de acercarnos,
un método infalible para hablarnos,
llorar y perdonarnos,
para quién sabe,
al fin,
poder amarnos.

Será bonito,
ser estrella contigo,
 conquistar un pedazo de cielo
y ser feliz, por fin,
a tu ladito.

Otras parejas,
mirarán nuevos cielos, cuando los dos 
nos hayamos marchado.

Otros amores,
llorarán su destino
aturdiendo a la luna 
con sus clamores.

Y yo, 
sin  lágrimas al fin,
para llorar tu ausencia,
seré luz encendida, 
gozando
tu presencia.

Isabel Salas

miércoles, 14 de junio de 2017

ODA A LOS HUEVOS PERUANOS



Tengo una cosa en mi mano, 
que nadie podrá creer,
es un huevo  peruano
que no es un cojón cualquier.

Peludo como un caniche, 
durito y arredondado
sabroso como el cebiche,
amo tenerlo a mi lado.

Este huevo inteligente
compañero y parlanchín,
es la envidia de la gente
y la flor de mi jardín.

Sonríe cuando le escribo
suspira cuando me voy,
Vivir sin él no concibo
por lo contenta que estoy.

Isabel Salas





martes, 13 de junio de 2017

LOS PLANES DE ELLA


Ella te tiene.

Eso cree la pobre,
que te tiene a sus pies
y en el gran futuro
de su plan burgués.

Lo cree y lo pregona
lo asume, lo engalana
y se ríe de mí 
con su risa burlona.

Cree que eres 
la guinda de su tarta,
el amor luzdeluna
que los males aparta.

Ella te tiene en fotos
en fiestas familiares,
en su presente rosa
y en los blancos veleros
que navegan sus mares.

A los ojos de todos
ella ganó,
y de todos los modos
la que se quedó fuera,
la perdedora,
soy yo.

Pero yo sé muy bien
quién es el sacapuntas de tu lápiz.
Sé donde miras
y hacia donde suspiras.

Quien vive en tus mejores versos
y que boca deseas
cuando deseas besos.

Sé cuantas veces
me llamas a escondidas
y cuantas noches
lloras mis despedidas.

Ella cree 
que es ella 
 la que te tiene.

Yo tengo otra opinión,
los planes mudan, 
se cambian, se renuevan,
pero los sueños, 
que es dónde vivo yo...
los sueños
no.

Los sueños
sólo mueren
cuando muere el amor.

Isabel Salas

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HIRVIENDO


Antes de escribir siento como las palabras dentro de mí se ponen a hervir.


Primero son caballos de letras que galopan en mi pecho y se agrupan poco a poco en sílabas, palabras o frases. Enseguida noto como mi corazón se acelera y se acompasa a ese trote cada vez más tambor que me paraliza  por fuera y me llena de ruidos y movimientos por dentro.

Parezco embobada, quieta...tal vez esa mirada perdida haga parecer que estoy desconectada, pero nada más lejos, en esos momentos estoy completamente enganchada al vendaval interno que me arrastra con él. Nace entonces la necesidad de escribir sobre algo que me molesta, o me gusta, sobre alguna boca de hombre de esas que he besado o mordido, sobre el futuro que sueño o el pasado que me invade y me salva como una yedra amiga que sujeta mis piedras para que yo consiga respirar sin desmontarme... o tal vez solamente escribir una frase que sea un libro entero el día en el que broten todas las otras frases que se necesitan para rellenar un libro de caballos.


Mis palabras dejan de trotar y se convierten en bolitas de agua como las que hierven en el fondo de la olla antes de convertirse en café y empiezan a quemar el alma inmortal que inventamos hace miles de años para que llore ella por las cosas que jamás deberían herirnos pero que ya lo hicieron.

Y mi alma, cuando hierve, sólo puede apagarse de dos formas, ardiendo entre los brazos del ser amado hasta el agotamiento o escribiendo.

Seres amados, no digo yo que falten, pero no siempre sé donde los puse, sin embargo escribir... está siempre a la mano. Puedo hacerlo con hambre, con amor, con hastío, puedo hacerlo sentada, a la luz de la luna o con los pies clavados en el agua del río. Escribo porque escribo, como respiro o cuento mariposas, porque es así que puedo organizar, perdonar, entender, olvidar y amar todas las cosas.

Agua caliente, versos valientes y muchos caballos salpicando en mi pecho palabras y canciones.

Lágrimas hirviendo en la olla del alma.

Escribir como un rito, como la forma bella de transformar un grito en un suave poema.


Isabel Salas