jueves, 22 de junio de 2017

NO ME GUSTA EL PRINCIPITO


No me gusta el principito,
aunque muchos insinúen
que es un libro muy bonito.

Lo he leído varias veces
y no consigo entender 
qué belleza se me escapa
cuando me empeño en leer
ese montón de sandeces.

He intentado abrir mi mente,
he tratado de ser buena,
he querido comprender 
lo que ese niño demente
empeñado en su faena
intenta hacerme creer.

Y no consigo tragarlo, 
tengo amigos que lo adoran
y no paran de elogiarlo,
pero yo sigo en mis trece, 
sin entender qué valoran
en un libro, que parece,
hecho para vomitarlo.

Algunas cosas francesas
están sobre valoradas,
mujeres, quesos, perfumes
vinos, falos o promesas,
nos llegan en oleadas,
siendo que allá como aquí,
sueles carecer al fin
de aquello que más presumes.

El libro del niño ñoño
saturado de clichés,
me tiene hasta el mismo moño,
no sólo por ser francés.

Es aburrido y falaz,
gris, dogmático y burgués,
monótono, ineficaz,
del derecho y del revés
ácido como el agraz.

Isabel Salas









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