domingo, 27 de agosto de 2017

PAZ Y RISAS


No es tanto pedir, después de haber vivido ya más de la mitad de la jodida vida, un poquito de paz. 

Ni siquiera toda la paz del mundo, no soy Miss Universo, para desear esas paces mundiales, tan lindas, tan con bikini y tan cuerpo perfecto. Yo me conformo con una paz chiquita que rodee mi cuerpo como un escudo protector, y que funcione, que realmente funcione y me proteja de parte del mal universal, como un planeta de película con su escudo activado gracias a la acción heroica del protagonista. El valiente guerrero que cuando faltan tres segundos para que sea disparado el rayo cósmico destructor de planetas, y a riesgo de su propia vida, consigue la clave alfanumérica que reactiva el bendito escudo magnético segundos antes de que los aliens disparen.

Alguien me dijo una vez que él estaba en mi planeta y yo me lo creí. No fue a la primera, tuve que hacer un gran esfuerzo, creerme aquella frase letra por letra, una a una cada sílaba y usar aquella convicción para matar el miedo de creer en cosas grandes que me desbordan dentro. Tardé un buen tiempo, pero al fin lo creí todo. Sin dudar, sin luchar, sin esperar el mal, creyendo que él sabría activar el escudo cuando llegase la hora.

Y no.

Cogió su nave, se alejó de mí y lo que activó fue el rayo cósmico destructor de planetas y de corazones. La clave alfanumérica voló por los aires, con la clave de sol y todas las canciones.

Quedó el silencio muerto de vacío total que queda cuando el sombrero mágico se traga las palomas y así estoy ahora, flotando en el vacío esperando el nuevo Big Bang que recomience todo, y espero, como no,  que esta vez sea verdad cuando me digan que están en mi planeta.

Que sea verdad y el guerrero luche por encontrar la clave.
Que sea verdad, y el escudo funcione.
Que sea verdad, muy verdad y, por fin, se sienta la paz y se oigan las risas.

No es tanto pedir.
Si te fijas bien, es bien poquito.

Isabel Salas


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